MEJOR QUE EL CIELO

 

 

Charles LAMB (1775-1834)

 

 

MEJOR QUE EL CIELO

No bastan las metáforas para endulzar el amargo trago de la muerte. Me niego a ser llevado por la marea que suavemente conduce la vida humana a la inmortalidad y me desagrada el inevitable curso del destino. Estoy enamorado de esta verde tierra; del rostro de la ciudad y del rostro de los campos; de las inefables soledades rurales y de la dulce protección de las calles. Levantaría aquí mi tabernáculo. Me gustaría detenerme en la edad que tengo; perpetuarnos, yo y mis amigos; no ser más jóvenes, ni más ricos, ni más apuestos.

No quiero caer en la tumba como un fruto maduro. Toda alteración en este mundo mío me desconcierta y me confunde. Mis dioses lares están terriblemente fijos y no se los desarraiga sin sangre. Toda situación nueva me asusta. El sol y el cielo y la brisa y las caminatas solitarias y las vacaciones veraniegas y el verdor de los campos y los deliciosos jugos de las carnes y de los pescados y los amigos y la copa cordial y la luz de las velas y las conversaciones junto al fuego y las inocentes vanidades y las bromas y la ironía misma, ¿todo esto se va con la vida? ¡Y vosotros, mis placeres de medianoche, mis infolios! ¿Habré de renunciar al intenso deleite de abrazaros? ¿Me llegará el conocimiento, si es que me llega, por un incómodo ejercicio de intuición y no ya por esta querida costumbre de la lectura?

 

CHARLES LAMB, “Elia”. Elia (1823).

 

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NADA HAY NUEVO BAJO EL SOL

 

Mika Waltari (1908-1979)

 

Amenhotep IV (Akenatón)

 

 
Lo que fue, eso será; 

lo que se hizo, eso se hará.
Nada nuevo hay bajo el sol.
(Eclesiastés, 1.9 )

 

Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aun cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua. Los hombres revolotean alrededor de la mentira como las moscas alrededor de un panal de miel, y las palabras del narrador embalsaman como incienso, pese a que esté en cuclillas sobre el estiércol en la esquina de la calle, pero los hombres rehúyen la verdad.
(…)

En su maldad, el hombre es más cruel y más endurecido que el cocodrilo del río. Su corazón es más duro que la piedra. Su vanidad, más ligera que el polvo de los caminos. Sumérgelo en el río; una vez secas sus vestiduras será el mismo que antes. Sumérgelo en el dolor y la decepción; cuando salga será el mismo de antes. He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gente que dice que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió, pero esto no son más que vanas palabras. Seguir leyendo “NADA HAY NUEVO BAJO EL SOL”

LA DORADA MEDIOCRIDAD

 

 

QUINTO HORACIO FLACO (65 a.C.-8 a.C.)

 

Más dichoso vivirás, Licinio,
no desafiando a todas horas los peligros de alta mar,
ni, por horror a las tempestades,
acercándote demasiado a la peligrosa costa.

El que se contenta con su dorada medianía
no padece intranquilo las miserias de un techo que se desmorona,
ni habita palacios fastuosos que despierten la envidia.

El alto pino es con más frecuencia sacudido por los vientos,
las torres elevadas se desploman con mayor estruendo,
y los rayos del cielo hieren las cumbres de los montes.

El ánimo bien preparado espera cambios cuando le acosa la adversidad,
y teme si le sonríe la fortuna.
Júpiter envía los crudos inviernos y Júpiter los ahuyenta. Seguir leyendo “LA DORADA MEDIOCRIDAD”

LADY MACBETH

 

Lady Macbeth (Marion Cotillard)

 

William Shakespeare (1564-1616)

 

 

LADY MACBETH:

… ¡ Corred a mí, espíritus propulsores de pensamientos asesinos!… ¡Cambiadme de sexo, y desde los pies a la cabeza llenadme, haced que me desborde de la más implacable crueldad!…. ¡Espesad mi sangre; cerrad en mí todo acceso, todo paso a la piedad, para que ningún escrúpulo compatible con la naturaleza turbe mi propósito feroz, ni se interponga entre el deseo y el golpe! ¡Venid a mis senos maternales y convertid mi leche en hiel, vosotros, genios del crimen, de allí de donde presidáis bajo invisibles sustancias la hora de hacer mal! ¡Baja, horrenda noche, y envuélvete como un palio en la más espesa humareda del infierno! ¡Que mi agudo puñal oculte la herida que va a abrir, y que el cielo, espiándome a través de la cobertura de las tinieblas, no pueda gritarme: “¡Basta, basta!”

 

LA TRAGEDIA DE MACBETH, Acto I, Escena II

 

 

 

 

William SHAKESPEARE

 

“VIENTOS DEL PUEBLO”, HIMNO DE ESPAÑA

 

 

Miguel Hernández Gilabert (1910-1942)

 

(Hoy, 30 de octubre, hace 107 años que nació Miguel Hernández. “Vientos del pueblo” es un retrato de España: única y diversa.)

 

 

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba. Seguir leyendo ““VIENTOS DEL PUEBLO”, HIMNO DE ESPAÑA”

ROMANCE DEL CONDE OLINOS

 

 

 

Romance del Conde Olinos

Madrugaba el conde Olinos
mañanita de San Juan,
va a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras su caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar;
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
– Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
– No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Olinos
que por mí quiere finar.
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