TAMPOCO SÉ CÓMO ESCRIBIR

 

 

No hace mucho me asomaba a este mismo lugar, y me sinceraba (algo deprimido, lo confieso) revelando las cuitas que me acarrea mi afición a la escritura. Concretamente lamentaba, creo que con mucha razón, mi dificultad para generar temas sobre los que escribir. Lo hacía, como ahora, sin ningún pudor, sin vergüenza, porque sé que estoy entre amigos, algunos como yo obreros de la pluma, y que se me comprende. 

Esta insuficiencia mía la voy supliendo con los favores que algunas almas altruistas me hacen, ofreciéndome una idea, una orientación, o con lo que yo mismo paro con incontable sufrimiento. 

A pesar de ello, no han acabado mis problemas. Ahora la cuestión se ha desplazado de la sequía de temas a mi  impericia para exponerlos.

Pero que no se crea que es por falta de actitud ni de preparación, que he leído y subrayado, en varios colores, una buena porción de libros de gente sesuda, especializada en el tema. También he asistido a un montón de cursos y talleres sobre normas de ortografía, escritura creativa, técnicas literarias infalibles, etc.  Seguir leyendo “TAMPOCO SÉ CÓMO ESCRIBIR”

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LA ESCUELA

 

 

De la pizarra, de hule negro pegado sobre madera y rasgado por algunas partes, los alumnos copian largas multiplicaciones y divisiones, raíces cuadradas y cúbicas, quebrados, problemas de reglas de tres simple y compuesta, de aligación, de inte­rés… Y los copian con sus pizarri­nes blandos o duros sobre las dos caras de otras pizarras de pizarra, más peque­ñas, que someten entre la mano y el antebrazo. Cuando alguien se equivoca, borra con el dedo humedecido de saliva. Y cuando hay que eliminar toda una cara, se lanza o deposita un salivazo y se borra con el trapillo que hay atado con una cuerda al marco de la pizarrilla, o con el canto de la mano cerrada. Seguir leyendo “LA ESCUELA”

MEJOR QUE EL CIELO

 

 

Charles LAMB (1775-1834)

 

 

MEJOR QUE EL CIELO

No bastan las metáforas para endulzar el amargo trago de la muerte. Me niego a ser llevado por la marea que suavemente conduce la vida humana a la inmortalidad y me desagrada el inevitable curso del destino. Estoy enamorado de esta verde tierra; del rostro de la ciudad y del rostro de los campos; de las inefables soledades rurales y de la dulce protección de las calles. Levantaría aquí mi tabernáculo. Me gustaría detenerme en la edad que tengo; perpetuarnos, yo y mis amigos; no ser más jóvenes, ni más ricos, ni más apuestos.

No quiero caer en la tumba como un fruto maduro. Toda alteración en este mundo mío me desconcierta y me confunde. Mis dioses lares están terriblemente fijos y no se los desarraiga sin sangre. Toda situación nueva me asusta. El sol y el cielo y la brisa y las caminatas solitarias y las vacaciones veraniegas y el verdor de los campos y los deliciosos jugos de las carnes y de los pescados y los amigos y la copa cordial y la luz de las velas y las conversaciones junto al fuego y las inocentes vanidades y las bromas y la ironía misma, ¿todo esto se va con la vida? ¡Y vosotros, mis placeres de medianoche, mis infolios! ¿Habré de renunciar al intenso deleite de abrazaros? ¿Me llegará el conocimiento, si es que me llega, por un incómodo ejercicio de intuición y no ya por esta querida costumbre de la lectura?

 

CHARLES LAMB, “Elia”. Elia (1823).

 

UNA VEZ YO TENÍA…

 

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Cuando yo era chico, la puerta de la calle de mi casa era de madera, siempre estaba abierta de para en par de día, y tenía un llamador. Mi piso de ahora tiene una puerta acorazada con cerradura antirrobo.

Tenía yo entonces un anaquel con algunos tebeos, una enciclopedia escolar con pastas de cartón y un libro nuevo que me gustaba abrir y sepultar en él la nariz. Ahora tengo un ebook  inodoro, con memoria para miles de libros.

Tenía un rayo de sol que, al colarse por la calleja hasta la pared de la casa de enfrente, me avisaba de que era la hora de ir a la escuela. Ahora tengo un móvil con alarma musical. Seguir leyendo “UNA VEZ YO TENÍA…”

95% MORRALLA

– Es verdad que la experiencia te llega cuando menos falta te hace.

Se lo oí decir ayer cuando, estando ella en la cocina trajinando, yo pasaba por el pasillo camino del salón. 

Y a la vuelta:

– La felicidad es un relámpago en la noche.

Rara, últimamente está rara. Me mira raro. Dice cosas raras. Está como filosófica. Malo.

Es cierto que no es ni mucho menos inusual que hable sola, consigo misma, pero cosas más normalitas como no puedo con él, no tiene remedio, me he pasado con el azúcarno sé que hago yo aquí, ese Trump es un impresentableSeguir leyendo “95% MORRALLA”

VIVIR ES COMPLICADO, VEGETAR ES SIMPLE

 

 

Pensando en nada profundamente

 

Ha pasado de la perplejidad al cabreo. Está muy furiosa conmigo. Ha observado, alarmada, como, desde hace ya algún tiempo, zapeo buscando los programas más bochornosos, leo solo periódicos deportivos, uso la tableta únicamente para los juegos más bobos, estoy descaradamente enganchado a unos inefables grupos de Whatsapp… Y todo así.

Resumiendo: no hago casi nada, tengo una existencia feliz y algo así como semivirtual.

Ha sido una opción concienzudamente pensada y sopesada. Un día se me encendió la bombilla y, claro, lo vi claro. La solución a todo era simplemente… cerrar los ojos. 

Pero ella, siempre impositiva, no lo acepta. Que cómo he pasado de decir que este mundo es una mierda a que es maravilloso. Que estoy embrutecido, anestesiado. Que si ha sido una huida. Que vivo desconectado de la realidad. 

Pero seamos definitivamente honestos y claros: vivir es complicado y penoso, vegetar es  simple y gratificante. Seguir leyendo “VIVIR ES COMPLICADO, VEGETAR ES SIMPLE”

NO SÉ DE QUÉ ESCRIBIR

 

 

Dicen que decía Óscar Wilde que escribir solo requiere de dos cosas: tener algo que decir, y decirlo. Visto así de esquemático parece la mar de fácil. Por desgracia, no para mí. Yo unas veces no sé de qué escribir, otras veces no sé como decirlo, y las más ni una cosa ni otra. 

En este momento estoy ocupado en superar el primer escollo: ¿Sobre qué escribo? La cuestión no es baladí porque, si no hay qué contar, poca importancia tiene que se sepa o no contarlo.

Digo yo, para confortarme, que no es raro que esto les pase a otros. Se me ocurre que si los aprendices de escritores fuéramos más solidarios, más cooperativos, el problema se mitigaría. Podríamos aprovechar la tecnología y comunicarnos y ayudarnos por los Whatsapp o Telegram o por eso que llaman redes sociales. Por ejemplo: ¿Tú en que fase estás atascado, en la del “qué” o en la del “cómo”? O: Tengo una idea pero no sé cómo llevarla al papel. Te la regalo

En fin, crear como una hermandad o gremio para propiciar un trabajo colaborativo, que ahora se lleva tanto. Hay que modernizarse, no sé porqué tenemos que empecinarnos en hacerlo todo solos. Seguir leyendo “NO SÉ DE QUÉ ESCRIBIR”