EL PUENTE DE LAS DONCELLAS

 

 

 

 

Por los ojos del puente de las Doncellas
pasa, turbia y presurosa, el agua.
De los costados del río, la miran, 
silenciosos, chopos, abedules, hayas.

Siempre la misma, siempre otra,
buscando la mar baja el agua.

Desde la loma que encumbra la ermita, 
colmada de trébol y amapolas,
la mira pasar, sin verla,
la romerita menuda, solitaria. 

Hacia dentro miran los ojos de la niña.
Otrora reidores, agua de sus ojos sangra.
Derribada por una ráfaga de tristeza,
su cabeza se abate, derrotada.    
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ROMANCILLO PARA ALGUNOS POLÍTICOS

 

 

 

 

¿Qué habremos hecho, señores,
para que tamaña plaga
nos fustigue de esta forma
inmisericorde y bellaca?

De todo tipo tenemos,
por todas partes están,
para todos los gustos hay,
¿para cuando cesarán?

Falsos, corruptos, trepas, 
hipócritas, impresentables,   
arribistas, sinvergüenzas, 
cínicos, necios, vivales.

Peculiares son algunos,
miserables sobre todos:
a más de delincuentes,
arrogancia y malos modos.

Si yo tuviera una escoba,
como la canción decía,
haría una gran limpieza,
muy escasos dejaría.

Un catecismo les hagan,
que precisan instrucción;
no tienen dos cosas claras:
para qué están y quienes son. Seguir leyendo “ROMANCILLO PARA ALGUNOS POLÍTICOS”

NO HAY CRISIS QUE POR BIEN NO VENGA

En todos estos sacudimientos de mi vida salía al fin ganando alguna cosa…
EL LOBO ESTEPARIO. Hermann Hesse

Todos hemos pasado alguna vez por alguna de ellas. Son esas situaciones personales en las que, de repente e impensadamente, nos vemos sobresaltados, zarandeados. Puede ser más o menos extensa, profunda o duradera, estar generada por diferentes razones o agentes; a veces aguarda agazapada, larvada, otras veces un inesperado e intenso suceso la desencadena.

Estaba todo en su sitio, todo más o menos controlado, razonablemente estable. Las cosas eran predecibles, éramos como éramos y no pensábamos que pudiéramos  cambiar mucho.

Y aparece una crisis profunda. Casi siempre invasora, devastadora, dolorosa. Lo que nos ha pasado, lo que nos está pasando, nos rebasa, nuestros estables esquemas aparecen desordenados, alterados o destruidos. Tal vez nos veamos obligados a una recomposición interior, a revisar, matizar, nuestras creencias, nuestros valores, las cosas que nos parecían más o menos importantes, nuestros conceptos sobre personas, situaciones, hechos.  Seguir leyendo “NO HAY CRISIS QUE POR BIEN NO VENGA”

¿¡VIVA LA TECNOLOGÍA!?

La tecnología no acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos.
Michele Norsa

Cuando el que escribe era aún más joven, casi niño, ya me gustaban las películas de ciencia ficción. Sin saber por qué, se me quedó en la memoria una en la que un hombre entraba en una biblioteca y, conforme recorría los anaqueles, iba pasando sus dedos por el lomo de los libros. Por el solo contacto, por obra y arte del cine, el conocimiento contenido en ellos se iba traspasando a su mente, de forma que su cerebro iba creciendo, creciendo cada vez más, hasta configurar una cabezota respetable. Cabeza grande, cuerpo desproporcionadamente pequeño; dedos largos, espirituales.

Curiosamente, no le había dado a este señor por acceder a la caja fuerte de un banco y pasar sus dedos por los billetes, lo que, ya de entrada, era admirable. Ejercitaba yo mi imaginación pensando que así llegaría a ser el hombre del futuro: interesado por el conocimiento, más inteligente, más sabio.

Ahora que soy un poco más mayor y que la imaginación ya no me funciona igual, compruebo que el hombre es realmente sabio porque, sin necesidad de acabar teniendo un cuerpo deforme como el protagonista de aquella peli, ha ido inventando cosas maravillosas, que nos facilitan enormemente la vida; nos ahorran, en buena parte, las engorrosas tareas de hacer y pensar. Y así, aquí nos vemos, de lleno en la era de la tecnología, omnipresente como una diosa, con toda la infinidad de aparatos que, seductora, nos ofrece. Seguir leyendo “¿¡VIVA LA TECNOLOGÍA!?”

LAS LENTES DE LA MAGA

 

Olvidó Sinbad contar al señor Cunqueiro, maestro en el decir antiguo, lo que vino a acontecerle estando de navegación rumbo a Catay. A más de mercancías diversas, llevaba el piloto a dos damas, madre e hija, que el rey marinero de Portugal le había encomendado para depositarlas sanas y salvas en el puerto de Guangzhou.  No sabía el nauta el motivo del viaje de las damas y tampoco le asaltó suficiente curiosidad para preguntarlo ni averiguarlo. 

Se detuvo Sinbad, por inclinación, en remirar a la más joven y aprobó que tuviera cuerpo alto y proporcionado, aunque la notó un tanto envarada en su porte. Los ojos eran grandes, glaucos y hermosos, pero inertes, y no decían nada por más que el almirante los buscara e interrogara. 

Mirándola, quería Sinbad figurarse aquel párrafo que le regaló el señor Neruda:

espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,

que después pondría el poeta en el papel, acompañado de más renglones. Fueron estas palabras trueque a cambio de la gorra marinera con la que el señor Pablo  se toca en algunos retratos.

Gastaba la niña labios gruesos y bermejos, pero mezquinos en el sonreír. No era tampoco muy abundante en su plática, pues solo condescendía en respuestas monosilábicas, pero casi nunca hacía la merced de conceder palabra espontánea. Sus vestidos cada día eran distintos, siempre primorosos, al igual que los parasoles de seda, y los abanicos múltiples, alguno con varillas de hueso de avestruz y país de plumas escogidas de aves del Paraíso, y que abría y meneaba con desgana cuando se echaba la brisa. Guardaba en su bolsa de tafetán doble un espejo ovalado, de marco de cuarzo rosa y puño de nácar, en donde de continuo se observaba.  Seguir leyendo “LAS LENTES DE LA MAGA”

SI TIENES QUE TENER UN CREDO, QUE SEA EL TUYO.

“Tú puedes llevar el camello al pilón, pero no le puedes obligar a que beba, eso es cosa suya”. Eso pensaba mi abuelo Francisco con respecto al enseñar y aprender. A mi abuelo, las dos cosas que más le gustaban eran viajar y leer, tal vez porque lo que más le interesaba era saber, comprender. Al respecto me decía: “Nieto, hay que tener una formación completa”, y a renglón seguido me recordaba el dicho del Quijote: “El que lee mucho y viaja mucho, ve mucho y sabe mucho”.

Pensaba que se aprende más de la experiencia que de los libros, que el aprendizaje salido de las vivencias enraiza más. “La escuela esta bien, pero aborrega mucho”; a veces era algo extremista. Opinaba que las crisis son de lo más valioso para aprender, que “dolores son lecciones”.

Era muy aforístico mi abuelo. Para él, las sentencias eran como comprimidos de sabiduría.

Un día (era yo adolescente, intentaba enmendar el mundo y me había dado por preocuparme por ciertos temas) le pregunté qué era para él lo más importante, lo que le guiaba. Tenía curiosidad por saber los secretos de alguien que para mí era el más sabio. 

Me miró amusgando sus ojillos socarrones y se burló: “Ah, listillo, tú lo que quieres es que te dé las claves de la suprema sabiduría, o sea, que te empaquete en diez minutos lo que me ha costado una vida destilar.” Se quedó un momento pensativo y , al fin, me dijo: “Te decepcionará, pero vamos allá” Seguir leyendo “SI TIENES QUE TENER UN CREDO, QUE SEA EL TUYO.”

ALDONZA Y DULCINEA

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Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso…

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (capítulo I)
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Hallándose don Quijote en medio de Sierra Morena, y en medio de su penitencia, asaltóle la malencolía. Infelice, cabizbajo fatigaba las veredas, llevando su tribulación a rastras. No lo conmovían las asperezas de las zarzas ni la crueldad helada del relente. 

Cautivaba su corazón la imagen de la etérea Dulcinea, la sin par, la perfeta. Desencantado, acordábase de su dama, de lo poco que le habían aprovechado sus fatigas y desvelos. Y a escondidas, sin que su autor lo advirtiera, el caballero tomó un cacho de pizarra y con trabajo y aflición puso en una lisa pared de piedra aquesto que yo encontré:

Señora, y no mía,
este es vuestro galardón: nada.
Pues nada queda cuando todo se arrasa,
si no es la muerte, negra y voraz.

Gran mal me hizo vuestra inclemencia,
que no me truncaron espadas ni lanzas,
más no hube broquel para tu gesto desdeñoso.

Sea vuestra voluntad destino,
agosten los campos
y no retornen las aves,
sin voz queden las espadañas,
sin cruces los altares. Seguir leyendo “ALDONZA Y DULCINEA”