CURRO

 

 

 

Mi amigo Curro era el cartero del pueblo, por lo que a todo el mundo le resultaba familiar su figura enjuta, su gesto nervioso, su paso apresurado, con la cartera de cuero en bandolera. Era, como se verá, un sujeto algo excéntrico, Tras la muerte de su madre vivía solo. Digo mejor que vivía con un perro y tres gatos. Y no es que apreciara especialmente a los animales; de quién sí eran muy queridos era de la difunta señora. Curro los conservaba por respeto a su memoria. Sin embargo, la convivencia entre las tres especies no era siempre todo lo armoniosa que los vecinos desearían. Lo gritos, maullidos y ladridos se sucedían o mezclaban en una escandalera, un día sí y el otro lo mismo. Pero la experiencia les aconsejaba no ir a darle las quejas en plena batahola. En esas circunstancias, Curro se ponía todavía más nervioso y controlaba aún menos el volumen y el ritmo de su habla; en una discusión vehemente y entrecortada gritaba a todo pulmón cuando su tartamudez se lo permitía y enrojecía y se tensaba enteramente en los períodos de atranque.

Curro hablaba, hacía ya años, con Carmen. Y digo “hablaba” por conservar el término que aún se utiliza en algunos pueblos del sur español para referirse al noviazgo. A Carmen, tímida y rolliza criatura, el temperamento excitable del cartero no parecía afectarle. Por el contrario, a Curro sí le tranquilizaba la actitud cachazuda y tranquila de su novia. Como se suele decir, en algunos aspectos se complementaban felizmente.

Y así, por las tardes y anochecido, cuando el tiempo acompañaba, se les veía pasear por el parque o por el Valle, la calle principal del pueblo. Curro, intentando adaptar su paso nervioso al andar parsimonioso de Carmen. Le costaba controlar los movimientos de sus piernas, acostumbradas por temperamento y profesión a un mayor ritmo. Mientras Carmen le miraba con sonrisa beatífica, Curro gesticulaba, hablaba de forma veloz y se encasquillada en un monólogo pocas veces interrumpido. Seguir leyendo “CURRO”

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FUERA Y DENTRO

 

 

Francis BACON (1909-1992)

 

Cuando hayamos muerto, no habrá ya rosas ni cipreses, ni labios
rojos ni vino perfumado; tampoco habrá ni penas ni alegrías, ni
auroras ni crepúsculos. El universo se aniquilará, puesto que su
realidad depende tan sólo de nuestro pensamiento.

OMAR JAYYAM. Rubaiyat. 

 

Nada es, si no lo dotamos de vida y de sentido.

Un libro es solo un haz de folios que reposa inerte sobre una mesa.
Esa torre circundada repetidamente por el griterío de los vencejos es nada más que ladrillos encima de ladrillos.
Dos ojos, una nariz, una boca: solo un rostro.
Lo que se oye si se oprime las teclas de un piano son únicamente sonidos.
Ese grito es el de un niño derribado por una bala perdida. Seguir leyendo “FUERA Y DENTRO”

EL PUENTE DE LAS DONCELLAS

 

 

 

 

Por el puente de las Doncellas
pasa, turbia y presurosa, el agua.
De los costados del río, la miran, 
silenciosos, chopos, abedules, hayas.

Siempre la misma, siempre otra,
buscando el morir baja el agua.

Desde la loma que encumbra la ermita, 
colmada de trébol, camomila y amapolas,
la mira pasar, sin verla,
la romerita menuda, solitaria. 

Hacia dentro miran los ojos de la niña.
Otrora reidores, agua de sus ojos sangra.
Derribada por una ráfaga de tristeza,
su cabeza se abate, derrotada.    
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ROMANCILLO PARA ALGUNOS POLÍTICOS

 

 

 

 

¿Qué habremos hecho, señores,
para que tamaña plaga
nos fustigue de esta forma
inmisericorde y bellaca?

De todo tipo tenemos,
por todas partes están,
para todos los gustos hay,
¿para cuando cesarán?

Falsos, corruptos, trepas, 
hipócritas, impresentables,   
arribistas, sinvergüenzas, 
cínicos, necios, vivales.

Peculiares son algunos,
miserables sobre todos:
a más de delincuentes,
arrogancia y malos modos.

Si yo tuviera una escoba,
como la canción decía,
haría una gran limpieza,
muy escasos dejaría.

Un catecismo les hagan,
que precisan instrucción;
no tienen dos cosas claras:
para qué están y quienes son. Seguir leyendo “ROMANCILLO PARA ALGUNOS POLÍTICOS”

NO HAY CRISIS QUE POR BIEN NO VENGA

En todos estos sacudimientos de mi vida salía al fin ganando alguna cosa…
EL LOBO ESTEPARIO. Hermann Hesse

Todos hemos pasado alguna vez por alguna de ellas. Son esas situaciones personales en las que, de repente e impensadamente, nos vemos sobresaltados, zarandeados. Puede ser más o menos extensa, profunda o duradera, estar generada por diferentes razones o agentes; a veces aguarda agazapada, larvada, otras veces un inesperado e intenso suceso la desencadena.

Estaba todo en su sitio, todo más o menos controlado, razonablemente estable. Las cosas eran predecibles, éramos como éramos y no pensábamos que pudiéramos  cambiar mucho.

Y aparece una crisis profunda. Casi siempre invasora, devastadora, dolorosa. Lo que nos ha pasado, lo que nos está pasando, nos rebasa, nuestros estables esquemas aparecen desordenados, alterados o destruidos. Tal vez nos veamos obligados a una recomposición interior, a revisar, matizar, nuestras creencias, nuestros valores, las cosas que nos parecían más o menos importantes, nuestros conceptos sobre personas, situaciones, hechos.  Seguir leyendo “NO HAY CRISIS QUE POR BIEN NO VENGA”

¿¡VIVA LA TECNOLOGÍA!?

La tecnología no acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos.
Michele Norsa

Cuando el que escribe era aún más joven, casi niño, ya me gustaban las películas de ciencia ficción. Sin saber por qué, se me quedó en la memoria una en la que un hombre entraba en una biblioteca y, conforme recorría los anaqueles, iba pasando sus dedos por el lomo de los libros. Por el solo contacto, por obra y arte del cine, el conocimiento contenido en ellos se iba traspasando a su mente, de forma que su cerebro iba creciendo, creciendo cada vez más, hasta configurar una cabezota respetable. Cabeza grande, cuerpo desproporcionadamente pequeño; dedos largos, espirituales.

Curiosamente, no le había dado a este señor por acceder a la caja fuerte de un banco y pasar sus dedos por los billetes, lo que, ya de entrada, era admirable. Ejercitaba yo mi imaginación pensando que así llegaría a ser el hombre del futuro: interesado por el conocimiento, más inteligente, más sabio.

Ahora que soy un poco más mayor y que la imaginación ya no me funciona igual, compruebo que el hombre es realmente sabio porque, sin necesidad de acabar teniendo un cuerpo deforme como el protagonista de aquella peli, ha ido inventando cosas maravillosas, que nos facilitan enormemente la vida; nos ahorran, en buena parte, las engorrosas tareas de hacer y pensar. Y así, aquí nos vemos, de lleno en la era de la tecnología, omnipresente como una diosa, con toda la infinidad de aparatos que, seductora, nos ofrece. Seguir leyendo “¿¡VIVA LA TECNOLOGÍA!?”

LAS LENTES DE LA MAGA

 

Olvidó Sinbad contar al señor Cunqueiro, maestro en el decir antiguo, lo que vino a acontecerle estando de navegación rumbo a Catay. A más de mercancías diversas, llevaba el piloto a dos damas, madre e hija, que el rey marinero de Portugal le había encomendado para depositarlas sanas y salvas en el puerto de Guangzhou.  No sabía el nauta el motivo del viaje de las damas y tampoco le asaltó suficiente curiosidad para preguntarlo ni averiguarlo. 

Se detuvo Sinbad, por inclinación, en remirar a la más joven y aprobó que tuviera cuerpo alto y proporcionado, aunque la notó un tanto envarada en su porte. Los ojos eran grandes, glaucos y hermosos, pero inertes, y no decían nada por más que el almirante los buscara e interrogara. 

Mirándola, quería Sinbad figurarse aquel párrafo que le regaló el señor Neruda:

espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,

que después pondría el poeta en el papel, acompañado de más renglones. Fueron estas palabras trueque a cambio de la gorra marinera con la que el señor Pablo  se toca en algunos retratos.

Gastaba la niña labios gruesos y bermejos, pero mezquinos en el sonreír. No era tampoco muy abundante en su plática, pues solo condescendía en respuestas monosilábicas, pero casi nunca hacía la merced de conceder palabra espontánea. Sus vestidos cada día eran distintos, siempre primorosos, al igual que los parasoles de seda, y los abanicos múltiples, alguno con varillas de hueso de avestruz y país de plumas escogidas de aves del Paraíso, y que abría y meneaba con desgana cuando se echaba la brisa. Guardaba en su bolsa de tafetán doble un espejo ovalado, de marco de cuarzo rosa y puño de nácar, en donde de continuo se observaba.  Seguir leyendo “LAS LENTES DE LA MAGA”