LA ESCUELA

 

 

De la pizarra, de hule negro pegado sobre madera y rasgado por algunas partes, los alumnos copian largas multiplicaciones y divisiones, raíces cuadradas y cúbicas, quebrados, problemas de reglas de tres simple y compuesta, de aligación, de inte­rés… Y los copian con sus pizarri­nes blandos o duros sobre las dos caras de otras pizarras de pizarra, más peque­ñas, que someten entre la mano y el antebrazo. Cuando alguien se equivoca, borra con el dedo humedecido de saliva. Y cuando hay que eliminar toda una cara, se lanza o deposita un salivazo y se borra con el trapillo que hay atado con una cuerda al marco de la pizarrilla, o con el canto de la mano cerrada. Seguir leyendo “LA ESCUELA”

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UNA VEZ YO TENÍA…

 

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Cuando yo era chico, la puerta de la calle de mi casa era de madera, de día siempre estaba abierta de par en par, y tenía un llamador. Mi piso de ahora tiene una puerta acorazada con cerradura antirrobo.

Tenía yo entonces un rayo de sol que, al colarse por la calleja hasta la pared de la casa de enfrente, me avisaba de que era la hora de ir a la escuela. Ahora tengo un móvil con alarma musical.

Tenía también un anaquel con algunos tebeos, una enciclopedia escolar con pastas de cartón y un libro nuevo que me gustaba abrir y sepultar en él la nariz. Ahora tengo un ebook  inodoro, con memoria para miles de libros. Seguir leyendo “UNA VEZ YO TENÍA…”

NO SÉ DE QUÉ ESCRIBIR

 

 

Dicen que decía Óscar Wilde que escribir solo requiere de dos cosas: tener algo que decir, y decirlo. Visto así de esquemático parece la mar de fácil. Por desgracia, no para mí. Yo unas veces no sé de qué escribir, otras veces no sé como decirlo, y las más ni una cosa ni otra. 

En este momento estoy ocupado en superar el primer escollo: ¿Sobre qué escribo? La cuestión no es baladí porque, si no hay qué contar, poca importancia tiene que se sepa o no contarlo.

Digo yo, para confortarme, que no es raro que esto les pase a otros. Se me ocurre que si los aprendices de escritores fuéramos más solidarios, más cooperativos, el problema se mitigaría. Podríamos aprovechar la tecnología y comunicarnos y ayudarnos por los Whatsapp o Telegram o por eso que llaman redes sociales. Por ejemplo: ¿Tú en que fase estás atascado, en la del “qué” o en la del “cómo”? O: Tengo una idea pero no sé cómo llevarla al papel. Te la regalo

En fin, crear como una hermandad o gremio para propiciar un trabajo colaborativo, que ahora se lleva tanto. Hay que modernizarse, no sé porqué tenemos que empecinarnos en hacerlo todo solos. Seguir leyendo “NO SÉ DE QUÉ ESCRIBIR”

UNA DECISIÓN IRREVOCABLE

 

 

Me he decidido: lo haré. Y mi decisión es irrevocable. Estoy harto, esto es demasiado para mi.
Y ya que lo voy a hacer, antes haré lo otro. Esa ignominia, esa villanía, no va a quedar impune.
De perdidos, al río. ¿Qué más da? Nada me importa ya. ¿Qué puede suceder? ¿Que me coja la policía? ¿Que me lleven a juicio y me condenen? ¿A la cárcel? ¿Que salga en los periódicos y en la tele? ¿Y a mi qué? A nada les dará tiempo.

Y no me voy a ir así, sin más. Antes de hacer esas dos últimas cosas, tengo que hacer otras. Se van a enterar, de una vez por todas.

Porque puedo hacer lo que quiera. ¡Sí, lo que quiera, lo que me dé la gana! Una vez tomada esta decisión, nada me importa. Paso de lo que piensen, de lo que digan, no me pueden hacer nada más de lo que voy a hacerme yo. Es una sensación extraña, como una liberación. ¡Soy libre!

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ENCUENTRO NOCTURNO

 

 

La noche apaga colores y formas y solo alberga sombras, sueños y rumores. Arriba, el manto negro está agujereado de inacabables candelas.

Mis pies desnudos han tomado el sendero de tierra plateada y su culebreo me lleva a lo más alto del alcor. Alzo la mirada y compruebo que está plena la antorcha redonda que blanquea los árboles.

Por el camino me ha visto, hierática en la rama de un olivo, la lechuza que también he convocado, pensando en Atenea, la ojizarca.

Un aviso de cascos asciende por el sendero y me llega, clara y sonora, la voz del hidalgo generoso:
– Paréceme, Sancho hermano, que está la noche propicia para encantamientos. Me llegan, de allí arriba, signos de guerreros, diosas y brujas.
– No os contradiré yo por esta vez, amo. Siento que prodigios nos esperan tras ese recodo y miedo me da este silencio lleno de presencias.
– No seas pusilánime, Sancho, que conmigo vas. Mi recto proceder es nuestro escudo y la verdad nuestra espada.
– Señor, nos rodean. Aquí atrás viene alguien.

Ven subir a una figura alta, tocada de gorro puntiagudo, cano el cabello abundante y barba también blanquilarga. Se apoya en un cayado largo y sólido. Merlín gasta paso largo y veloz. Seguir leyendo “ENCUENTRO NOCTURNO”

¡AYUDA!

 

El grito. Edvard MUNCH (1863-1944)

 

Esta consciencia intermitente, estos destellos de lucidez, que van y vienen, son como sal en los ojos, ascua en la herida, dolor destilado. 

Porque, en esos momentos, ahora, me imagino, me siento, me veo.

Yo no soy esto que está aquí exánime, vencido, yo no quiero ser  este residuo, esta sombra, este saco de escombros, esta ruina. No me reconozco en esta cosa, esta indecencia, este amago de hombre. 

No termina su trabajo esta muerte despaciosa. No atiende, no viene. No acudirá hasta verme aniquilado, humillado, devastado hasta el último rincón. Hasta que ningún trazo de resto humano quede en mi. Solo entonces terminará su cerco feroz, su demolición lenta, minuciosa.  Seguir leyendo “¡AYUDA!”