ENCUENTRO NOCTURNO

 

 

La noche apaga colores y formas y solo alberga sombras, sueños y rumores. Arriba, el manto negro está agujereado de inacabables candelas.

Mis pies desnudos han tomado el sendero de tierra plateada y su culebreo me lleva a lo más alto del alcor. Alzo la mirada y compruebo que está plena la antorcha redonda que blanquea los árboles.

Por el camino me ha visto, hierática en la rama de un olivo, la lechuza que también he convocado, pensando en Atenea, la ojizarca.

Un aviso de cascos asciende por el sendero y me llega, clara y sonora, la voz del hidalgo generoso:
– Paréceme, Sancho hermano, que está la noche propicia para encantamientos. Me llegan, de allí arriba, signos de guerreros, diosas y brujas.
– No os contradiré yo por esta vez, amo. Siento que prodigios nos esperan tras ese recodo y miedo me da este silencio lleno de presencias.
– No seas pusilánime, Sancho, que conmigo vas. Mi recto proceder es nuestro escudo y la verdad nuestra espada.
– Señor, nos rodean. Aquí atrás viene alguien.

Ven subir a una figura alta, tocada de gorro puntiagudo, cano el cabello abundante y barba también blanquilarga. Se apoya en un cayado largo y sólido. Merlín gasta paso largo y veloz. Seguir leyendo “ENCUENTRO NOCTURNO”

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¡AYUDA!

 

El grito. Edvard MUNCH (1863-1944)

 

Esta consciencia intermitente, estos destellos de lucidez, que van y vienen, son como sal en los ojos, ascua en la herida, dolor destilado. 

Porque, en esos momentos, ahora, me imagino, me siento, me veo.

Yo no soy esto que está aquí exánime, vencido, yo no quiero ser  este residuo, esta sombra, este saco de escombros, esta ruina. No me reconozco en esta cosa, esta indecencia, este amago de hombre. 

No termina su trabajo esta muerte despaciosa. No atiende, no viene. No acudirá hasta verme aniquilado, humillado, devastado hasta el último rincón. Hasta que ningún trazo de resto humano quede en mi. Solo entonces terminará su cerco feroz, su demolición lenta, minuciosa.  Seguir leyendo “¡AYUDA!”