TEÓLOGOS, ESPECIALISTAS EN DIOS

San Pablo. El Greco.

Si Dios fuera lo suficientemente pequeño como para ser entendido, entonces no sería lo suficientemente grande como para ser adorado.
Evelyn Underhill (1875-1941)


Un teólogo es algo así como un teórico de la divinidad, un especialista en Dios. Es una ocupación fronteriza entre lo sublime y lo absurdo, según se considere. Su quehacer es meritorio, pues intentar meter a Dios en la estrechez de la mente humana, sin contaminarlo de su miseria, debe ser más bien difícil. Algunos teólogos, eminencias grises de las religiones e iglesias, procuran a éstas grandes servicios. Otros son bastante críticos con la jerarquía y la doctrina oficial; estos rebeldes son inmediatamente purgados, apartados de la docencia y de cualquier puesto de alguna influencia. Aunque la mayoría de las religiones tienen teólogos, aquí nos ocupamos de los relacionados con la iglesia católica.

La tarea del teólogo está en íntima vinculación con otros elementos que la sustentan y le dan su razón de ser; tres elementos son de destacar: la iglesia, la Biblia y la fe. Aparte de Dios, claro; pero el que escribe, que obviamente no es teólogo, prefiere dejar en paz al Creador.

La iglesia católica se autoproclama la representante legítima de Dios en este mundo. Este certificado de legitimidad lo obtienen de la interpretación peculiar que hace su teología oficial de determinado pasaje del nuevo testamento (Mateo 16, 18). Algunos teólogos no oficiales afirman que Jesús no fundó ninguna iglesia. De inmediato se entiende que este no es asunto baladí, porque si la iglesia no fuera una sucursal divina buena parte de su  tinglado doctrinal se vendría abajo. La autoridad de la iglesia no es, al parecer, intrínseca; es decir, no viene emanada de sus propias acciones meritorias, lo que movería a los fieles a concedérsela de buen grado; la autoridad la tiene por delegación de Dios, así que no hay más remedio que reconocerla. 

La Biblia es otro de los pilares maestros del cristianismo (también de las otras dos grandes religiones monoteístas); obviamente, para la labor de los teólogos la Biblia es la fuente por excelencia. Hay acuerdo, claro, en que no la escribió Dios, sino simples mortales. ¿Por qué, entonces, se considera que son libros santos, sagrados? Porque son el producto de una revelación de Dios. En la Biblia está todo; como ejemplo ya se ha señalado anteriormente la fundación de la iglesia por Cristo. O casi todo, pero lo que no está y se quiere que esté, pues se deriva del Libro o de su interpretación. Y, ni que decir tiene, según la doctrina católica, que la exclusiva de la interpretación de las escrituras la tiene la iglesia. ¿Y cómo puede saber la iglesia la verdad entre las posibles verdades? Simplemente, porque la iglesia, a la hora de interpretar lo escrito allí, está iluminada por el espíritu santo. Seguir leyendo “TEÓLOGOS, ESPECIALISTAS EN DIOS”

Anuncios

LA DORADA MEDIOCRIDAD

 

 

QUINTO HORACIO FLACO (65 a.C.-8 a.C.)

 

Más dichoso vivirás, Licinio,
no desafiando a todas horas los peligros de alta mar,
ni, por horror a las tempestades,
acercándote demasiado a la peligrosa costa.

El que se contenta con su dorada medianía
no padece intranquilo las miserias de un techo que se desmorona,
ni habita palacios fastuosos que despierten la envidia.

El alto pino es con más frecuencia sacudido por los vientos,
las torres elevadas se desploman con mayor estruendo,
y los rayos del cielo hieren las cumbres de los montes.

El ánimo bien preparado espera cambios cuando le acosa la adversidad,
y teme si le sonríe la fortuna.
Júpiter envía los crudos inviernos y Júpiter los ahuyenta. Seguir leyendo “LA DORADA MEDIOCRIDAD”

LA CARTA DE LOPE DE AGUIRRE A FELIPE II

 

Lope de Aguirre (1511/16-1561)

 

“Era vicioso , lujurioso, glotón; tomábase muchas veces de vino. Era mal cristiano, y aún hereje luterano, o peor; pues hacía y decía las cosas que hemos dicho atrás, que era matar clérigos,  frailes, mujeres y hombres inocentes sin culpa  y sin dejarlos confesar, aunque ellos lo pidiesen. Nunca supo decir ni dijo bien de nadie, ni aún de sus amigos; era infamador de todos, no hay algún vicio que en su persona no se hallase.”
(Una descripción de Lope de Aguirre: la del cronista Francisco Vázquez en su Jornada de Omagua y Dorado)

 

 

De los primeros años de vida del violento y polémico Lope de Aguirre, (Oñate, Guipúzcoa, entre 1511-16 – Barquisimeto, Venezuela, 1561), no se sabe prácticamente nada, hasta que pasó a Perú hacia 1536 y participó en su conquista y colonización. Intervino en los enfrentamientos entre Pizarro y Almagro, del lado pizarrista. De estas batallas a Aguirre le quedó una cojera para el resto de su vida, producto de una herida en el pie.

Perseguido por la justicia por asesinar a un juez que, sin considerar su condición de hidalgo, le condenó a azotes públicos por contravenir las leyes protectoras de los indios (1551), se acogió en 1554 a una amnistía.

En 1560 se embarcó en la expedición capitaneada por Pedro de Ursúa con numerosa hueste, por, entre otros, los ríos Marañón (del que tomaron el nombre de marañones) y Amazonas en busca de las legendarias riquezas de El Dorado.  En el transcurso de la expedición Aguirre tuvo un protagonismo principal en el asesinato de Ursúa, posteriormente de su sucesor Fernando de Guzmán y seguidores (22.05.1561, La Matanza) y muchos más expedicionarios, para hacerse y mantenerse en el mando. El mismo Aguirre lo relata en su carta al rey de España (ver abajo).

Tras alcanzar el océano Atlántico por el río Orinoco (aunque se baraja la posibilidad de que siguieran la ruta de Francisco Orellana, accediendo al océano tras descender por el Amazonas para después subir, costeando, hasta la actual Venezuela), Aguirre conquista y saquea la isla Margarita, procediendo a más asesinatos para evitar traiciones. Desde allí, y tras cometer toda clase de tropelías, llega a Valencia donde escribe y envía su famosa carta (agosto de 1561) al rey de España, Felipe II.

Posible ruta de la expedición de los Marañones.

 

Llegados a Barquisemeto, los marañones desertan ante la presencia de las tropas del gobernador y Lope de Aguirre es muerto por sus propios compañeros  (27.10.1561), no sin antes matar a su propia hija Elvira, que le había acompañado en todo el viaje, pues “mejor era que habiendo él de morir no quedase ella viva para ser puta de todos”. Fue decapitado y su cuerpo descuartizado.

Gonzalo de Zúñiga, en su Crónica. describe así su muerte:

“Le tiraron a un tiempo tres arcabuzazos, de los cuales le acertó el uno en un muslo, de que cayó de rodillas diciendo con un ánimo terrible: “No me habéis hecho nada”. Luego acudieron otros dos de los suyos propios y segundaron con otros arcabuzazos, con los cuales le dieron en el cuerpo, diciendo el tirano: “esta vez sí”. Seguir leyendo “LA CARTA DE LOPE DE AGUIRRE A FELIPE II”