SI TIENES QUE TENER UN CREDO, QUE SEA EL TUYO.

“Tú puedes llevar el camello al pilón, pero no le puedes obligar a que beba, eso es cosa suya”. Eso pensaba mi abuelo Francisco con respecto al enseñar y aprender. A mi abuelo, las dos cosas que más le gustaban eran viajar y leer, tal vez porque lo que más le interesaba era saber, comprender. Al respecto me decía: “Nieto, hay que tener una formación completa”, y a renglón seguido me recordaba el dicho del Quijote: “El que lee mucho y viaja mucho, ve mucho y sabe mucho”.

Pensaba que se aprende más de la experiencia que de los libros, que el aprendizaje salido de las vivencias enraiza más. “La escuela esta bien, pero aborrega mucho”; a veces era algo extremista. Opinaba que las crisis son de lo más valioso para aprender, que “dolores son lecciones”.

Era muy aforístico mi abuelo. Para él, las sentencias eran como comprimidos de sabiduría.

Un día (era yo adolescente, intentaba enmendar el mundo y me había dado por preocuparme por ciertos temas) le pregunté qué era para él lo más importante, lo que le guiaba. Tenía curiosidad por saber los secretos de alguien que para mí era el más sabio. 

Me miró amusgando sus ojillos socarrones y se burló: “Ah, listillo, tú lo que quieres es que te dé las claves de la suprema sabiduría, o sea, que te empaquete en diez minutos lo que me ha costado una vida destilar.” Se quedó un momento pensativo y , al fin, me dijo: “Te decepcionará, pero vamos allá”

Y fue entonces cuando me desgranó lo que después fue, para mí, el decálogo del abuelo. Más o menos, tal como se me ha quedado sedimentado, lo recuerdo así: 

QUE TU MENTE SEA LIBRE. Esta es la clave, lo demás viene por añadidura.

Yo soy “absolutamente” relativista: TODO ES RELATIVO. Si quieres entender mejor el mundo (hechos, hombres, ideas, todo), no te limites a mirarlo solo desde tu perspectiva. Eso es muy pobre. El mundo muy es grande y complejo, y tú pequeñito y limitado. Efectivamente, “el hombre es la medida de todas las cosas”.

NO EXISTE LA VERDAD. Esto es un corolario de lo anterior. Nunca te creas que posees la verdad, no soportaría un nieto fanático.

NO CREAS EN NADA INCONDICIONALMENTE. Pero sí debes observar cuidadosamente este dogma: No tener dogmas. Sé iconoclasta con las personas y escéptico con las ideas.

Sí, EL SENTIDO DE LA VIDA ES LA VIDA MISMA. Carpe diem. Bebe, come, ama, comparte, lee, viaja…  No temas al “más allá”. Ya lo dijo el poeta: “Después de la muerte solo hay la nada o la misericordia.”

SI HAY DIOS, NO PODEMOS CONOCERLO. No es cierto que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Es cierto lo contrario: el hombre hace a Dios según sus cortas luces. Tampoco es cierto que una persona religiosa sea mejor que otra que no lo es. La ética no necesita de la religión.

También me ha valido para comprender a las personas y no juzgarlas precipitadamente, entender que YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS. Ni todos somos iguales, ni nuestras condiciones y vivencias han sido ni son las mismas. Lo dice el proverbio: “Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus zapatos”. 

CUIDA LA FORMA, SOMOS FORMA. Anhelando lo fundamental, buscarás la “esencia”… y te encontrarás forma: cuando vistes, hablas, comes, te relacionas, piensas… eres forma.

TRATA DE CONGENIAR EL AMOR AL PRÓJIMO Y EL AMOR A TÍ MISMO. Es cosa difícil y pocos lo consiguen, pero intenta ser generoso.

EL GÉNERO HUMANO NUNCA SALDARÁ LA DEUDA QUE TIENE CON LA MUJER. Trátalas como a reinas. Son mejores que nosotros.

Alguna cosa más me diría que yo he olvidado. Al final, se puso más serio que de costumbre:

Nieto, nunca he creído en dioses, religiones, dogmas, credos ajenos, ni verdades absolutas…; todo ello es invención humana para dar sentido a la existencia, explicar el mundo, hacer más llevadera la vida, a veces para manipular… Pero sí, hay que admitir que los credos son convenientes, útiles, son como un mapa para organizarte y no extraviarte, para guiar tus actos y ser consciente de tu identidad. Pero, ojo, de todo el rollo que te he largado, quédate con esto: puestos a ello, si tienes que tener un credo, que sea el tuyo.

El mío es incompleto, imperfecto, relativo, enmendable… pero es el que yo libremente me he dado, el que me ha parecido mejor. Y dicho esto, ya habrás entendido que mi credo no te sirve para nada. Lo siento, pero tienes que hacerte el tuyo.

Sobre esto último, mi abuelo tenía y no tenía razón: cierto que yo soy yo y mis circunstancias, pero una de mis circunstancias era él… y, además, yo bebí del pilón.

El Diablo Cojuelo.

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