MIGUEL HERNÁNDEZ EN LA MEMORIA

 

MIGUEL HERNÁNDEZ GILABERT (1910-1942): Dibujos de Antonio Buero Vallejo (1940) y Eusebio Oca (1942)

 

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

 

 

 

El rayo que no cesa. MIGUEL HERNÁNDEZ 

 

Miguel Hernández murió, a los 31 años, en la enfermería de la prisión de Alicante, tras padecer bronquitis, tifus y tuberculosis. Hoy hace, justamente, 75 años de aquel 28 de marzo de 1942; era sobre las 5 y media de la mañana. Fue amortajado por sus propios compañeros y trasladado al patio de la cárcel donde los presos desfilaron ante su cuerpo. La banda de la prisión interpretó la Marcha fúnebre de Chopin. El cadáver fue entregado posteriormente a la familia para su entierro.

 

 

 

 

SI TIENES QUE TENER UN CREDO, QUE SEA EL TUYO.

“Tú puedes llevar el camello al pilón, pero no le puedes obligar a que beba, eso es cosa suya”. Eso pensaba mi abuelo Francisco con respecto al enseñar y aprender. A mi abuelo, las dos cosas que más le gustaban eran viajar y leer, tal vez porque lo que más le interesaba era saber, comprender. Al respecto me decía: “Nieto, hay que tener una formación completa”, y a renglón seguido me recordaba el dicho del Quijote: “El que lee mucho y viaja mucho, ve mucho y sabe mucho”.

Pensaba que se aprende más de la experiencia que de los libros, que el aprendizaje salido de las vivencias enraiza más. “La escuela esta bien, pero aborrega mucho”; a veces era algo extremista. Opinaba que las crisis son de lo más valioso para aprender, que “dolores son lecciones”.

Era muy aforístico mi abuelo. Para él, las sentencias eran como comprimidos de sabiduría.

Un día (era yo adolescente, intentaba enmendar el mundo y me había dado por preocuparme por ciertos temas) le pregunté qué era para él lo más importante, lo que le guiaba. Tenía curiosidad por saber los secretos de alguien que para mí era el más sabio. 

Me miró amusgando sus ojillos socarrones y se burló: “Ah, listillo, tú lo que quieres es que te dé las claves de la suprema sabiduría, o sea, que te empaquete en diez minutos lo que me ha costado una vida destilar.” Se quedó un momento pensativo y , al fin, me dijo: “Te decepcionará, pero vamos allá” Seguir leyendo “SI TIENES QUE TENER UN CREDO, QUE SEA EL TUYO.”

LO NIEGO TODO

Ella no advierte hasta qué punto es inclemente. Me espeta, en su fragor sorpresivo, que solo bebo, como, me hago algo de limpieza personal, alguna cosilla más en connivencia con ella, y que lo único que hago diferente de lo que podemos llamar tareas de mantenimiento, es leer autores muertos y rever la serie de 7 vidas.

Antes se quejaba, se está quejando, se volverá a quejar: no hablamos, no salimos, no vamos al cine, no cenamos fuera… Como un martillo pilón, empecinada, tesonera. ¡Ay, Dios, dame paciencia! 

No tiene tacto, es de las personas que piensan que siempre hay que decir toda la verdad, o sea, todo lo que ellas consideran verdad. No encuentra el término medio entre la sinceridad y la estupidez, entre el engaño y la crueldad. No se da cuenta de que ser consciente es sufrir. Se lo he dicho muchas veces, pero es una batalla perdida. Yo, por mi parte, no me quejo, pero es que no me respeta, no es tolerante, no me comprende, quiere hacer de mí un apéndice suyo, no admite mi independencia inofensiva… Seguir leyendo “LO NIEGO TODO”