ANATEMAS

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Decreto de excomunión contra Baruch Spinoza

“Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone.”
(Decreto de excomunión contra Baruch Spinoza)

 

Las tres principales religiones monoteístas lo son de libro y de teólogos. Ya Tomás de Aquino parece ser que dijo eso de “Temo al hombre de un solo libro”. Aunque las interpretaciones de la frase difieren, hay quien piensa que se refería a las personas que guían su existencia entera por lo escrito en un libro, por ejemplo la Biblia o el Corán, sin atender a mucho más (de paso, tampoco conviene olvidarse que, como teólogo, el propio Santo Tomás dedicó gran parte de su vida al estudio de la Biblia; de todas maneras, fuera suya o no, la frase merece reflexión).

Nada que objetar a los que así piensan; pues tambien hay quienes piensan que la libertad de conciencia debe ser respetada. No obstante, los hay no se conforman con eso, sino que pretenden reconducir las vidas de los descarriados que no ajustan sus creencias o su conducta a lo allí escrito. Y no solo a lo escrito en esos libros, sino a las interpretaciones de las escrituras hechas por los teólogos o la jerarquía, que son los que tienen la patente de la interpretación, concedida en exclusiva por Dios. Da lo mismo que los descarriados quieran o no reformarse, eso no importa, pues los justos han decidido que nadie puede dejar de cumplir los preceptos o se debe desviar o contradecir la verdades incontrovertibles de las que son depositarios por voluntad divina. La discrepancia, pues, no se admite mucho: o te dejas salvar o atente a las consecuencias.

Esta actitud está bien representada en el comienzo de la censura/expulsión, emitida por la comunidad judía de Ámsterdan, contra el filósofo sefardí Baruch Spinoza (1632-1677):

“Los dirigentes de la comunidad ponen en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruch de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino. Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta fueran en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión:”

Este tipo de fe “a pie juntillas” en los escritos y en la doctrina oficial, esta convicción absoluta de estar en lo cierto, este “deber” de salvar a los descreídos, componen una posición temible, sobre todo cuando se tiene poder para imponer, y es bastante difícil de alterar. La fe es, mayormente, irracional, no se lleva bien con la lógica, no admite discusión, se cree o no se cree.  Se combate mal a los fanáticos precisamente por eso; ellos piensan que su verdad es la verdad. A este respecto es útil la dicotomía que establece Fernando Savater entre creyentes y pensantes, aunque no sean conceptos necesariamente excluyentes. 

El enfado de la jerarquía religiosa cuando alguien se desmanda puede ser descomunal. Aquí se incluyen dos anatemas, que no tienen desperdicio. Son de otros tiempos, afortunadamente; ahora las represiones suelen ser algo más sutiles (por ejemplo, las purgas de teólogos críticos). Del análisis de cada uno de ellos pueden extraerse muchas enseñanzas.

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Baruch Spinoza (1632-1677)

Decreto de Excomunión de BARUCH SPINOZA, efectuado el 27 de julio de 1656 por la comunidad judía de Ámsterdam

“Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz.

Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o transcripto por él”.

 

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Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811)

Decreto lanzado contra el cura MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA por el obispo de Michoacán (México) Manuel Abad y Queipo (1811).

“Por autoridad del Dios Omnipotente, El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo y de los santos cánones, y de las virtudes celestiales, ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, papas, querubines y serafines: de todos los santos inocentes, quienes a la vista del santo cordero se encuentran dignos de cantar la nueva canción, y de los santos mártires y santos confesores, y de las santas vírgenes, y de los santos, juntamente con todos los santos y electos de Dios: Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, ex-cura del pueblo de Dolores.

Lo excomulgamos y anatemizamos, y de los umbrales de la iglesia del todo poderoso Dios, lo secuestramos para que pueda ser atormentado eternamente por indecibles sufrimientos, justamente con Dathán y Habirán y todos aquellos que le dicen al señor Dios: ¡Vete de nosotros, porque no queremos ninguno de tus caminos! Y así como el fuego es extinguido por el agua, que se aparte de él la luz por siempre jamás. Que el Hijo, quien sufrió por nosotros, lo maldiga. Que el Espíritu Santo, que nos fue dado a nosotros en el bautismo, lo maldiga. Que la Santa Cruz a la cual Cristo, por nuestra salvación, ascendió victorioso sobre sus enemigos, lo maldiga. Que la santa y eterna madre de Dios, lo maldiga. Que San Miguel, el abogado de los santos, lo maldiga. Que todos los ángeles, los principados y arcángeles, los principados y las potestades y todos los ejércitos celestiales, lo maldigan. Que sea San Juan el precursor, San Pablo y San Juan Evangelista, y San Andrés y todos los demás apóstoles de Cristo juntos, lo maldigan.

Y que el resto de sus discípulos y los cuatro evangelistas, quienes por su predicación convirtieron al mundo universal, y la santa y admirable compañía de mártires y confesores, quienes por su santa obra se encuentran aceptables al Dios omnipotente, lo maldigan. Que el Cristo de la santa Vírgen lo condene. Que todos los santos, desde el principio del mundo y todas las edades, que se encuentran ser amados de Dios, lo condenen. Y que el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, lo condenen.

Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos.

Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él.

Que lo maldigan y condenen. ¡Amén! Así sea. ¡Amén!

¿Eran Baruch Spinoza y Miguel Hidalgo delincuentes, ladrones, asesinos, violadores? No, pero incurrieron en dos errores fatales: pensar de forma heterodoxa y decirlo. En este punto es importante llamar la atención sobre un factor común a las jerarquías y teólogos de las religiones: pueden ser misericordiosos y perdonar casi todo menos una cosa: que se ponga en tela de juicio sus verdades, sus dogmas. Recuérdese la fase terrible del anatema contra Baruch Spinoza: Que el Señor no le perdone. Y se hace difícil entender que este deseo venga de una comunidad religiosa que, seguramente, se considera muy respetable y adornada con todas las virtudes posibles. Y a continuación del anatema, sosiego para unos (buenos, obedientes) y advertencia para otros (potenciales rebeldes): Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz.

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Salman Rushdie (1947)

Como “a todo hay quien gane”, la caridad, generosidad, comprensión y misericordia mostradas por los antedichos anatematizadores son nada comparadas con algunas fatwas. Digánselo si no a Salman Rushdie al que se la han renovado recientemente; es decir, han renovado su condena a muerte.  

 

 

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2 comentarios en “ANATEMAS

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