ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE

 

 

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Yo me estaba reposando
anoche como solía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos se dormían.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
¿Por dónde has entrado, amor?
¿Por dónde has entrado, vida?
Cerradas están las puertas,
ventanas y celosías.
No soy el amor, amante:
la Muerte, que Dios te envía.
¡Oh Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
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ÉRASE “ALGO”…

adoctrinar
Esta niña tiene “algo”

Érase algo en la esencia del hombre,
sin lo que no avanza la humanidad,
que no puede ser aprisionado.

Érase algo que nadie puede dar ni quitar,
que temen los poderosos,
los clérigos, los conservadores.

Érase algo irreverente,
para lo que nada es sagrado,
y todo está en entredicho.

Érase algo transgresor,
sin respeto a leyes, ideologías y religiones, 
antiesencia del fanatismo.

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SUEÑO (1)

 

 

niebla

 

Casi no veo las casas. Una niebla pertinaz las difumina. No son muy altas, y blancas. La calle aparece como un desfi­la­dero tenuemente luminoso. Resalta, allí, al fondo, una nitidez. La voy acer­cando, ni despacio ni depri­sa, por el centro de la calle adoqui­nada.

Veo una cater­va de críos, apiñados en torno a un niño y a un perro grande. Todos tienen los pantalones cortos. Hasta las rodi­llas, en su mayoría renegridas y cubiertas de postillas. Alguno se limpia, con el dorso de la mano, las velas que le cuelgan.

También hay un hombre y una mujer. El hombre mira con enfado al niño. Digo que lo mira, aunque no tiene rostro, lo mismo que la mujer. Sin embargo, yo siento que lo mira. El crío debe tener unos cuatro años, el pelo muy cano y los ojos claros. Parece estar muy satisfecho de la expectación que crea.

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