CARTA PARA JULIETA

 

alvaro-cunqueiro
Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981)

 

«GONFALONIERO:  Señora, un correo de Siena os trae una carta. La dirección viene en esta cinta que trae en la manga del gabán rojo: “Para la muy dolorida infanta de Verona doña Julieta”.

CORREO (Arrodillándose): Señora: quien firmó en esa carta con el pico de un pajarillo que este invierno se le murió en las manos, me dijo: sin dirección alguna también la encontrarías, porque, ¿quién no encontraría la luna en el cielo?

JULIETA. ¿Romeo, acaso?

CORREO. Sí, señora, Romeo.

JULIETA:  Con mis manos recojo días en mi propio corazón, y los voy sembrando en la tierra. ¿Qué os quiere Amor?, les pregunto uno a uno, cada cual perfumado de su lágrima. Aunque de vosotros brotaran lirios, murmuro al oído de mis días antes de encerrarlos en la soledad de mi cuerpo, ¿podría el tiempo ser otra cosa? ¿Me envía sonrisas por el aire?, les preguntaba yo a los molinos de viento y a las veletas de la juventud. ¿Me manda sonrisas por el agua?, les demando a las barcas que se mecen en la ribera. ¿O es que también los reitres gobiernan los palacios de los vientos y las ondas de los ríos? (Va desenrollando la carta) ¿Y qué ha de decir aquí Romeo, sino palabras que puedan ponerse en las mejillas y pasar por lágrimas de amor? ¡Cuánto tiempo hace, Amor, que dejaste de ser alegre mayo!

JULIETA (Desenrolla del todo la carta, y lee acercándose a una linterna que el gonfaloniero colgó de un poste): “No perdí el hábito de hablarte, pues palomas hay, Julieta, tan vecinas mías en Siena. No perdí el hábito de oírte, tórtola de los ojos entreabiertos de la mañana, y pues ya por corazón, ordena ir y venir mi sangre un fatigado vaso de memorias… Aprieto lirios contra mi pecho, y digo: ¡Julieta! Entro soñando en tu cámara, y el polvo que me cubre, ceniza de rosas que de tu amor crecieron en mí, para morir tan pronto como dejaste de mirarlas, es una tierra negra y fría que hace de mí un muerto desenterrado. Fantasma soy de los días idos, y por eso no me ves, ni escuchas mi paso como una sombra por entre la hoguera de tus brazos, y me rompo de sed, entonces, y vuelvo en mí, aún más fatigado del trabajo de resucitar a través de un sueño mi carne y el alma tuya. Quien hace en lo oscuro tales vasos como nosotros, Julieta, debía de cuidarse mejor del vino con que los llena.”

JULIETA (Sigue leyendo): “¿Podrías con tus pequeñas manos perfumar el aire en la noche y enviarme una memoria de canela en la brisa?”»

 

álvaro Cunqueiro_firma

 

 

 

ÁLVARO CUNQUEIRO. Las crónicas del sochantre

 

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