TENERLO CLARO

 

 

Groucho Marx_preguntas y respuestas
Groucho Marx (1890-1977)

 

En eso tiene razón, lo tengo que reconocer: me cuesta ver claro algunas cosas, digamos las gruesas, las importantes. Las de esto está bien/mal, correcto/incorrecto, los valores, cosas así. Muchas veces me lío.

Las repercusiones de esta discapacidad mía son evidentes: por ejemplo, sin saber claro lo que está bien o mal, no se puede juzgar. No se puede decir: esta persona es así y la otra asá, o ese obra correcta o incorrectamente. Lo que no deja de ser una desventaja.

Ella, sin embargo, no tiene ese problema: esto es blanco, esto es negro. Así: segura, contundente, imperial. Y, claro, puede juzgar de forma inapelable (casi siempre de forma negativa, lamentablemente): esto está fatal, eso no es legal, aquello no es como debe ser maldición con el deber ser y el deber hacer!), te equivocas de medio a medio, fulanito es un x,  menganito no tiene principios… 

Forzosamente la tengo que admirar (para mí que tengo, con respecto a ella, un cierto complejo de inferioridad). No titubea, todo lo tiene claro. Y si por casualidad  hubiera alguna duda, para eso están las disposiciones humanas y divinas, que guían e ilustran a los despistados o desinformados sobre qué es correcto y qué es incorrecto. Por ejemplo: no se debe conducir a más de 120 (próximamente quizá ya no será malo conducir hasta 130); no debes dudar, por tu salud espiritual, que Dios es uno y trino (afirmación que hoy en día tiene indudable funcionalidad y trascendencia, aunque menos que en la época dorada de la Inquisición, en la que, si lo dudabas, podían incinerarte gratuitamente).

Yo, en cambio, según dice, siempre encuentro matices donde no los hay, tengo la mala costumbre de buscarle las vueltas a las cosas y de ponerme en los zapatos de los demás (“Un atraso, porque tú eres tú y él es él… y lo que está mal, está mal … además, ese no tiene excusas, es un impresentable absoluto”).

“Y tú lo que eres es un relativista de pacotilla, un anárquico, a todo le tienes que buscar explicaciones, pero luego con todo tienes dudas; que no hay que darle tanta vuelta, al pan pan y al vino, vino…  ¡Que no tienes claro nada, leñe!”  

Y es que, también lo tengo que admitir, tengo el respeto justo a las leyes humanas y cierta alergia a las divinas. Así, claro, no se puede funcionar. Ella me grita que donde voy yo, un mindundi, a poner en tela de juicio los decretos divinos y las leyes. 

En fin, que lo veo todo relativo, que es como que, constantemente, el mundo se me mueve (¿o soy yo?) y tengo que reordenar las ideas. Otro inconveniente, porque lo de poner orden mental es fatigoso y complicado.

Para mí es algo así como si tuvieras una casa con habitaciones llenas de cajas. Algunas habitaciones están hechas un asco, descuidadas, casi con telarañas, porque no te interesan y solo te pasas por ellas de higos a brevas, las cajas están tiradas por cualquier sitio. En otras, lo mismo ni sabes lo que hay. Otras, mejor no tocarlas. El par de las que más utilizas las tienes más pasables. Pero mientras ella estas habitaciones las conserva ordenaditas, sabe dónde está cada caja, no toca lo que hay en ella (y no mueve ni una así la maten), a mí, en cambio, me da por revisar el contenido y mudarlas constantemente. Y si me llega una nueva, diferente o más grande, pues para mí constituye un problemón colocarla, porque lo mismo tengo que revisar muchas de las otras, y reajustarlas. Ella, como digo, las tiene todas inamovibles y, si alguna nueva le causase alguna inquietud, la tira por la ventana y santas pascuas. Bueno, la metáfora seguro que está incompleta y no muy bien conseguida, pero era solo para hacerse una idea.

Retomando a lo que íbamos: yo, a lo sumo tengo algunas reglas personales de conducta relativamente estables, pero poquitas y como para andar por casa. Aunque algunas no están homologadas. La verdad es que a mí hasta ahora me han servido: todavía no me han encarcelado y la gente que me conoce parece que no me mira mal. 

Pero sufro, lo paso mal. Todo es inconstante, movedizo. A mí lo que me gustaría es estar, como ella, en posesión de la verdad. 

(¿La verdad

Ya empezamos. No tengo remedio.)

 

 

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