SE ME HA MUERTO MI ROSA

 

 

Rosa sin pétalos
“Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus”

Sí. A algunos se le muere su gato, a mí mi rosa. Y bien que lo siento, porque puse empeño y mimo en crearla. Empezando desde un germen casi desconocido, yo fui conformando sus hojas, su tallo, su corola. Me decía: este pétalo parece que le viene bien, éste no se lo pongo, no me gusta… Y mientras la vestía, le iba susurrando versos y le ponía canciones, porque había oído que las plantas son sensibles.

Hasta le salieron espinas. Muchas para mi gusto. Y en esto puedo decir que no tuve arte ni parte. Pero no me parecía demasiado mal porque, ciertamente, no hay rosa que se precie que no tenga espinas protectoras o disuasoras.

Lo que no pude conseguir fue el aroma. Y mira que lo intenté, porque el aroma es el alma de la rosa, una rosa sin aroma…

Aún así, yo estaba contento con mi rosa. La miraba y la encontraba preciosa. Pero, tras un tiempo de lozanía, la flor fue desmejorando poquito a poco. Se le caían los pétalos, era como si los rechazara como a cuerpos extraños. 

Veía que se me iba ajando, mustiando. Se me va, pensaba. Y llegó el día en que  quedó desnuda, tal como el primer germen semidesconocido. 

Pero de nadie es la culpa, solo mía; debe ser defecto de construcción. 

Y, al final, se me ha muerto mi rosa. Es como si se hubiera muerto algo mío. Para mí que ha sido de realidad. Lo que me consuela es que ni se ha enterado.  

 

El Diablo Cojuelo

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