EL ENOJO DE MELIBEA

 

Celestina1
Personajes de La Celestina

 

MELIBEA: (…) ¡Quemada seas, alcahueta, falsa, hechicera, enemiga de honestidad, causadora de secretos yerros! ¡Jesú, Jesú! ¡Quítamela, Lucrecia, de delante, que me fino, que no me ha dejado gota de sangre en el cuerpo! Bien se lo merece esto y más, quien a estas tales da oídos. Por cierto, si no mirase a mi honestidad, y por no publicar su osadía dese atrevido, yo te hiciera, malvada, que tu razón y vida acabaran en un tiempo. 

CELESTINA: (Aparte) ¡En hora mala acá vine (…).

MELIBEA: ¿Aún hablas entre dientes delante mí para acrecentar mi enojo y doblar tu pena? ¿Querrías condenar mi honestidad por dar vida a un loco? ¿Dejar a mí triste por alegrara él, y llevar tú el provecho de mi perdición, el galardón de mi yerro? ¿Perder y destruir la casa y honra de mi padre por ganar la de una vieja maldita como tú? ¿Piensas que no tengo sentidas tus pisadas y entendido tu dañado mensaje? Pues yo te certifico que las albricias que de aquí saques no sean sino estorbarte de más ofender a Dios, dando fin a tus días. Respóndeme, traidora, ¿cómo osaste tanto hacer?

CELESTINA:  (…) Si pensara, señora, que tan ligero habías de conjeturar de lo pasado nocibles sospechas, no bastara tu licencia para me dar osadía a hablar en cosa que a Calisto ni a otro hombre tocase

MELIBEA: ¡Jesú, ¡No oiga yo mentar más ese loco saltaparedes, fantasma de noche, luengo como ciguñal, figura de paramento mal pintado, si no aquí me caeré muerta! Éste es el que el otro día me vido y comenzó a desvariar conmigo en razones, haciendo mucho del galán. Dirásle, buena vieja, que si pensó que ya era todo suyo y quedaba por él el campo, porque holgué más de consentir sus necedades que castigar su yerro, quise más dejarle por loco que publicar su grande atrevimiento. Pues avísale que se aparte deste propósito y serle ha sano; si no, podrá ser que no haya comprado tan cara habla en su vida. Pues sabe que no es vencido sino el que se cree serlo, y yo quedé bien segura y él ufano; de los locos es estimar a todos los otros de su calidad. Y tú, tómate con su mesma razón, que respuesta de mí otra no habrás, ni la esperes; que por demás es ruego a quien no puede haber misericordia. Y da gracias a Dios, pues tan libre vas desta feria. Bien me habían dicho quién tú eras y avisado de tus propriedades, aunque agora no te conocía.

CELESTINA: (Aparte) Más fuerte estaba Troya, y aún otras más bravas he yo amansado; ninguna tempestad mucho dura.

MELIBEA: ¿Qué dices, enemiga? Habla que te pueda oír. ¿Tienes desculpa alguna para satisfacer mi enojo y escusar tu yerro y osadía?

FERNADO DE ROJAS. Tragicomedia de Calisto y Melibea

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