CLITEMNESTRA

 

alvaro_cunqueiro
Álvaro Cunqueiro (1911-1981)

 

 Clitemnestra era una mujer más bien pequeña, y lo que sobresalía en ella era la blancura de su piel. En la redonda cara reposaban dos grandes ojos castaños y serenos, y pese al pelo rubio, cejas y pestañas las tenía negras. Lo que los ojos tenían de quietos, lo tenía su boca de movible, que siempre estaba haciendo mohínes, mojando los labios con la puntita de la lengua, iniciando un silbido o imitando pájaros. Abundante de pecho, era muy delgada de cintura, y apretaba el corsé inglés lo que podía, aún a costa de una respiración dificultosa, que por otra parte la ruborizaba deliciosamente.

      Clitemnestra nunca declaraba su edad, y desde que el marido zarpó para la guerra y entró en la tragedia, daba las fechas por un vestido que estrenara, por el temporal que estropeó las claraboyas o por una caída que tuviera. Era en el razonar confusa, en el hablar voluble, y nunca sabía terminar una historia; le salían ramas en cada párrafo, y por ellas se iba poco menos que gorjeando, que su decir era una mezcla de grititos, risas, suspiros, confidencias, lágrimas, voces de mando, citar con sus abuelos y mucho «¡ya lo decía yo!», y estando en la mayor animación, de pronto callaba y se quedaba mirando para el techo, como si viese volar mariposas, con la boca entreabierta y la cabeza ladeada.

                                                 álvaro Cunqueiro_firma

ÁLVARO CUNQUEIRO. Un hombre que se parecía a Orestes.

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