TODO ES VANIDAD

 

Eclesiastés

 

 

Acuérdate de tu Creador en tus días mozos,
antes de que lleguen los días malos
y se echen encima años en que dirás: “No me agradan”;
antes de que se nublen el sol y la luz,
la luna y las estrellas,
y retornen las nubes tras la lluvia.
 Cuando tiemblen los guardianes de la casa y se encorven los robustos,
se paren las que muelen, por ser ya pocas,
se queden a oscuras las que miran por las ventanas,
se cierren las puertas de la calle,
y se ahogue el son acompasado del molino;
cuando se debilite el canto del pájaro
y enmudezcan todas las canciones;
dará recelo la altura,
y habrá sustos en el camino.
Cuando florezca el almendro,
camine pesada la langosta,
y pierde su sabor la alcaparra;
y es que el hombre va a su eterna morada,
y ya circulan por la calle los del duelo.
Antes de que se rompa la hebra de plata,
y se quiebre la copa de oro,
y se haga añicos el cántaro en la fuente,
y se deslice la polea en el pozo,
y vuelva el polvo a la tierra, a lo que fue,
y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio.
¡Vanidad de vanidades! – dice Cohélet -: ¡todo vanidad!

ECLESIASTÉS, 12, 1-8

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