MERLÍN Y FAMILIA (fragmentos)

 

 

 

Alvaro Cunqueiro
Álvaro Cunqueiro (1911-1981)

Esmelle, selva ancha y antigua, en la memoria la llevo yo de azul pintada, como si una enorme y tibia luna posara, en un repente, en la tierra.

Poner en formado el censo de la familia que pasó por Miranda procurando la ciencia del señor Merlín, digo yo que tal sería contar, en una mañanita, las arenas del mar. No me puse yo a tal guisado, sino al placer de memorar mis eras alegres, cuando este cuerpo flaco era vaso de la confiada mocedad. Miranda para mí, y todo lo que por aquella portalada iba y venía, más que una memoria pasada, es un huevo de Pascua o una bola de nieve con resorte, como las que mosiu Simplom llevaba de oferta al señor obispo de Lamego. Los días pasados, las nubes que los cubren, los varios pensamientos que me traen y llevan, y la vida que encuentro posada en mí, bien pudiera compararla con la nieve que mansamente cae, y poniéndose por alfombra de este mundo cubre labradíos y caminos, prados y eras, y del rostro de la tierra nuestra hace una enorme llanura igual. Pero, por veces, brinca el solcillo radiante de un recuerdo de juventud, y en algún lugar derrite la nieve, y es como si en la soledad del mundo un pasajero desconocido encendiese una pequeña hoguera, y vas tú y por una hora te calientas al amor de ella. ¡Memorias, memorias, memorias!

                                                 álvaro Cunqueiro_firma

ÁLVARO CUNQUEIRO. Merlín y familia.

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EL BALCÓN EN INVIERNO

 

Luis Landero
LUIS LANDERO (1948)

 

Entonces, al ver desde mi sillón de viejo enardecerse y palidecer en la oscuridad la brasa del cigarro, a veces siento nostalgia y pesar de la juventud, de la belleza, de la acción, de todo cuanto sucumbió al tiempo, pero también de lo que no llegó a vivirse, de los alegres decires nunca dichos, de las correrías nunca emprendidas, de los amigos que no tuve, del amor apenas entrevisto, de la vida dilapidada en vano, y de lo breve e ilusorio de los ahoras, de los mañanas y de los entonces, y de todo ese pobre negocio de años y de afanes de que está hecha la vida.

…y oyéndola yo pienso que así es la vida, que así ha sido siempre, y está bien que sea así. En cada instante, en cada frase, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales. Eso es todo, y no hay más que contar. Un grano de alegría, un mar de olvido.

(LUIS LANDERO. El balcón en invierno)

(Gracias, Piedad)

LA ERMITA DE SAN SIMÓN

 

Mujeres Edad Media

 

 

En Sevilla está una ermita
cual dicen de San Simón,
adonde todas las damas
iban a hacer oración.
Allá va la mi señora,
sobre todas la mejor,
saya lleva sobre saya,
mantillo de un tornasol,
en la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor,
en la su cara muy blanca
lleva un poco de color,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol,
a la entrada de la ermita,
relumbrando como el sol.
El abad que dice misa,
no la puede decir, no,
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, no,
por decir: “amén, amén”,
decían: “amor, amor”.

Anónimo. ROMANCERO VIEJO.

 

 

¡ME VAN A OÍR!

 

“¡Me van a oír! ¡Vaya que si me van a oír!” Resulta que había mandado  “¡Inconcebible!, ¡A quien se le diga no se lo cree!” por correos a su hermano un paquete  “Si lo han perdido, me van a oír, les meto una denuncia…, los empapelo!“ con un documento importante y “¡Me dijeron que dos días, y después de una semana no ha llegado!” … y eso.

Cuando se pone guerrera está olímpica, justiciera. Ni Zeus, rayos en mano y con un enfado monumental. 

Yo, por mitigar la cosa: “Tienes razón, pero tranquilízate. Yo…”

“!No, tú no vas a ir a la oficina de correos, que te conozco! No sirves para protestar, ni te sale la voz.”

“Yo solo quería decir…”

“¡Que no! Te tomarían el pelo y seguro que terminarías dándoles las gracias y felicitándolos. Voy yo, ¡me van a oír!” Seguir leyendo “¡ME VAN A OÍR!”