HABLAR O CALLAR

 

HEMINGWAY_hablar y callar
Ernest Hemingway

 

Me dice que hablo poco. Que la mayoría de las veces, cuando estamos con gente, me quedo como un pasmarote, no intervengo… Otras veces parece que estoy “de viaje” y me tiene que dar con la rodilla para que atienda a la persona que me habla.

Parece que no me conoce. Uno es de pocas palabras porque tiene una intensa vida interior. Uno es más de dentro que de fuera. Pero no me acepta como soy, no respeta mi ser, me quiere cambiar.

Y, como no es la primera vez que me lo dice, acudo a la autoridad del refranero y le largo la retahíla que me he aprendido de memoria: ´Di tu secreto a tu amigo y serás siempre su cautivo´, ´Del escuchar viene la  sabiduría y del hablar el arrepentimiento´, ´Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla´, ´Tenemos dos orejas y una boca justamente para escuchar más y hablar menos´, etc., etcAdemás, es verdad, desde la antigüedad no debe haber un sabio que no haya alabado las bondades del callar, ¿verdad?. ¿O no? Seguir leyendo “HABLAR O CALLAR”

MAFALDA Y COMPAÑÍA

 

Mafalda y Susanita_los pobres
Mafalda y Susanita

Mafalda es esa niña-adulta, rebelde, contestataria, inconformista, solidaria, que odia la sopa (por cierto, una alegoría de los regímenes militares) y ama a los Beatles, que hace preguntas incómodas, y aún divierte y enseña a todo el que la lee. Entre sus seguidores se cuentan personajes como García Márquez o Mario Benedetti. Umberto Eco decía de ella que era “una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo del universo adulterado por los padres”.

Mafalda no sería Mafalda sin sus padres y amigos, sin la tropa de personajes que la acompañan. Decir Mafalda es decir también Libertad, Susanita, Felipe… Cada uno entrañable, cada uno distinto, con su papel y rasgos bien definidos:

Mafalda_padres
Mafalda y sus padres

El padre de Mafalda es empleado de oficina, tiene como entretenimiento el cultivo de plantas de interior. Hombre sencillo, al que su hija pone en aprietos en más de una ocasión con sus ocurrencias y preguntas. 

La madre (Raquel), ama de casa, dedicada a su familia; inició estudios universitarios, pero los abandonó cuando se casó.

Mafalda_Felipe_No dejes para mañana
Felipe

Felipe es amigo y vecino de Mafalda, en la escuela va un curso por delante de ella. Soñador, tímido, algo vago, apocado, despistado. Le gusta El Llanero solitario, los Beatles, el ajedrez y una chica llamada Muriel. Físicamente, a Felipe le caracterizan sus incisivos superiores salientes, como los de un amigo de Quino. Seguir leyendo “MAFALDA Y COMPAÑÍA”

EN TIEMPO DE DESOLACIÓN NUNCA HACER MUDANZA

 

 

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Esta acertada recomendación está en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (EE318). En ellos señala que existe desolación espiritual cuando existe escuridad del alma, turbación de ella (…), inquietud de varias agitaciones y tentaciones… La expresión y el léxico utilizados son, obviamente, los propios del  contexto. Pero, básicamente, se refiere a una situación de crisis personal, cuando estamos en horas bajas. Podemos, pues, “modernizar”, en la forma, el consejo:

En tiempo de crisis, nunca tomes decisiones importantes. Seguir leyendo “EN TIEMPO DE DESOLACIÓN NUNCA HACER MUDANZA”

ECLESIASTÉS

“¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!”

(Eclesiastés, 1, 2)

Como el que haya un destino común para todos,
para el justo y para el malvado,
el puro y el manchado,
el que hace sacrificios
y el que no los hace,
lo mismo el bueno que el pecador,
el que jura como el que tiene reparo en jurar.
 

(Eclesiastés, 9, 2)

 

La lectura del Eclesiastés puede llegar a ser desalentadora, deprimente. Esta pequeña obra (12 capítulos, 227 versículos, apenas un puñado de páginas) es pesimista, cruda, desesperanzada, escéptica.  

El Eclesiastés, Palabras de Cohélet, hijo de David, rey de Jerusalén (griego εκκλησιαστης, Ekklesiastés; hebreo קֹהֶלֶת, Qohéleth, “eclesiasta”, “el hombre de la asamblea” o “congregacionista”), pertenece, dentro del canon bíblico, a los libros sapienciales, junto con Proverbios, Job, Eclesiástico y Sabiduría. También está incluido en el canon de la Biblia hebrea.

Cohélet se identifica con Salomón, a quién alude en el texto, aunque sin nombrarlo (por ejemplo, 1, 16). No obstante, la atribución es una licencia del verdadero autor,  que así se pone bajo el patrocinio del más ilustre de los sabios israelitas. Aún hay quién defiende la autoría salomónica. Aunque se ha hablado de varias manos en su redacción, se van imponiendo la unidad de pensamiento, estilo y vocabulario.

La estructura es inconexa y el tema central, sobre el que se vuelve constantemente, es la vanidad de las cosas humanas. El libro empieza y termina exclamando “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!” (los versículos del Epílogo, 12, 9-13, se consideran un añadido de un posible discípulo). Seguir leyendo “ECLESIASTÉS”

PASIÓN POR CANO

Ella me había llevado a un concierto. Pasión por Cano se llamaba. Pasión Vega, Carlos Cano. Estábamos comentándolo en un corrillo de amiguetes, cuando sentí sobre mí su mirada. Esa mirada.

Y yo no había hecho nada. Solo estaba diciendo que me gustó el concierto, pero que, pchssssss, sinceramente, no era gran cosa. Carlos Cano, Pasión Vega, la copla… todo eso está bien, pero algo pasado; yo había ido un poco por pasar el rato. Sin embargo, ahí están el jazz, el rock, Ella Fitzgerald, Bruce Springsteen… No hay color. Eso todo el mundo lo sabe. ¿O no?

Pero yo ya sabía que en casa habría meneo:  “Sabes que yo soy Mari Clarilla, y si a mí me gusta la copla y el flamenco, Marifé de Triana, Carlos Cano, Quintero, León y Quiroga y el sursuncorda, lo digo. No es que lo diga, es que lo pregono. Y tú, ¿por qué no dices lo que piensas?”. Seguir leyendo “PASIÓN POR CANO”

HIPATIA DE ALEJANDRÍA

Y así, unos sujetos de ánimo exaltado a los que acaudillaba Pedro, un lector, confabulados acechan a la mujer cuando volvía de algún sitio a su casa: la tiraron de su litera y la arrastran hasta la iglesia que recibe el nombre de Cesareo y, después de quitarle el vestido, la mataron con cascos de vasijas, descuartizaron sus miembros y los llevaron al llamado Cinarón, donde les prendieron fuego.” 

“Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción.”

Sócrates Escolástico (s. V), Historia Ecclesiastica, libro VII

“Yo te saludo… augusta señora. Hace tiempo que te reprocho que no me has considerado merecedor de una de tus cartas… He perdido a mis hijos, a mis amigos, y los buenos deseos de todos. Pero la mayor pérdida de todas es la ausencia de tu espíritu divino. Había deseado que éste permaneciera siempre conmigo, para de esta forma conquistar tanto los caprichos de la Fortuna como los fatales giros del Destino.”

Sinesio de Cirene, obispo. Epístola 10, a Hipatia.

Hipatia-Rafael Sanzio-La Escuela de Atenas
Hipatia en el fresco de Rafael Sanzio La Escuela de Atenas

A Hipatia (Hypatía, “la altísima, la suprema”) se la considera como una de las primeras víctimas del fanatismo religioso y la última gran sabia de la Antigüedad. Damascio, filósofo de comienzos del siglo VI, afirmaba que «además de conseguir el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar, era justa y sabia, y se mantuvo toda la vida virgen», aunque otra fuente señala que fue «esposa de Isidoro el Filósofo».

Había nacido en Alejandría, no se sabe con seguridad en que la fecha, hay referencias de los años 355 y 370; murió, asesinada, en marzo de 415. Era hija de Teón de Alejandría quien le ofreció una educación completa y selecta, con espíritu especialmente liberal para aquella época. Estudió, entre otras materias, oratoria, mecánica, astronomía, filosofía, matemáticas. Seguir leyendo “HIPATIA DE ALEJANDRÍA”

LA PROPORCIÓN ÁUREA

 

Alberti a la Divina proporción
Soneto ´A la divina proporción´ (Rafael Alberti)

 “La geometría tiene dos grandes tesoros: uno es el teorema de Pitágoras; el otro, la división de una línea entre el extremo y su proporcional. El primero lo podemos comparar a una medida de oro; el segundo lo debemos denominar una joya preciosa“.

(Johannes Kepler, El misterio cósmico)

 

La proporción áurea (también llamada divina proporción, razón áurea, sección áurea, número áureo…) era conocida desde la Antigüedad y ha fascinado a biólogos,  matemáticos, arquitectos, músicos… Está en el arte, en la naturaleza e incluso en nuestro cuerpo.

Hay indicios de que fue utilizada en sus obras por Fidias en el Partenón y Miguel Ángel en La Sagrada familia. En  El nacimiento de Venus, de Botticelli, el cuerpo de la diosa  tiene proporciones áureas.  En El hombre de Vitruvio, Leonardo dibujó las figuras geométricas de forma que  la razón entre el lado del cuadrado y el radio del círculo es áurea. Le Corbusier utilizó el número áureo en muchos de sus diseños. Salvador Dalí la tuvo en cuenta en su cuadro La última cena

En el campo de la música, Stradivarius utilizaba la razón áurea en la construcción de sus violines (ubicación de los oídos o efes, distancias entre las distintas partes del violín como por ejemplo entre el traste y el cuerpo del violín). También existen indicios de que fue considerada por Mozart, Beethoven, Bach… en algunas de sus composiciones. 

En lo que se refiere a nuestro cuerpo, podemos encontrar la proporción áurea, por ejemplo, en la relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos. Las personas que vemos más hermosas tienen una mayor cantidad de proporciones áureas en su cuerpo.

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El hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci

Aunque se conocía desde mucho tiempo antes (sus descubrimiento de atribuye a la escuela pitagórica), el primero exponerla científicamente fue Euclides (300-265 a. C.). En su obra  Elementos (libro VI) se refiere a la división de un segmento en lo que él denomina su media y su extrema razón del siguiente modo: “Se dice que un segmento está dividido en media y extrema razón cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor”

Para entendernos: si tenemos un segmento dividido en dos partes  (a, la mayor y b, la menor; el segmento total sería, pues, a+b), podemos decir que están en proporción áurea cuando (a+b)/a=a/b. Gráficamente: Seguir leyendo “LA PROPORCIÓN ÁUREA”